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Érase una vez...

[Hace mucho tiempo...]

[Hace mucho tiempo...]

A ver niños, en el menú de la derecha, en la parte de SIMPLEMENTE LA QUE ESCRIBE, he colocado unos botones para que me votéis en los premios de 20minutos de blogs. Me haría mucha ilusión que me votáseis :) Pues eso, que sólo os lo quería decir :) Ahora viene la historia de hoy :)

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Cuatro años. Tan sólo tenía cinco años cuando a Victoria le regalaron su primer piano. Era enorme, con una madera que se veía brillar desde lejos.

-Papá, ¿y esto para qué sirve?
-Es un piano. Sirve para hacer música. Mira, tócalo.

Victoria lo rozó suavemente. Parecía que tuviese miedo a que se rompiera o a que se desplomara allí mismo. Su padre rió. Victoria quedó asombrada cuando comprobó que de cada tecla que tenía aquél enorme trasto, salía una melodía que endulzaba el oído de cualquier persona.

-¿Ves? Con esto se hace música. Con este piano, conseguirás tranquilizar a niños, a parejas, a grupos de personas, a masas enteras… Y algo más difícil que todo eso: conseguirás tranquilizarte a ti misma en un futuro.
-Pero si yo estoy muy tranquila papá.
-Eso es ahora, porque eres una niña. Pero cuando crezcas, comprobarás que todo se complica, mi vida. Y por desgracia no verás las cosas como las ves ahora.
-Pues entonces… Yo no quiero crecer.
-Tendrás que hacerlo Victoria. Pero te voy a enseñar algo: Con este piano, si logras tocarlo a la perfección, conseguirás que tu mente siempre quede en tu niñez, pues recordarás este día, y todos esos días en los que aprendiste a tocar este instrumento. Sé que ahora no lo entiendes. Además, las explicaciones no son lo mío. Pero algún día…

Y ese día llegó. Victoria se encontraba rodeada de gente, pero se sentía inmensamente sola. Gracias a aquél piano, había conseguido ser una persona popular en su especialidad y respetada por todos los amantes de la buena música. Hacía maravillosos conciertos y asistía a numerosas galas (algunas de ellas en su honor). En el mundo laboral, todo le iba genial.

Pero no es oro todo lo que reluce. Apenas tenía tiempo que dedicarles a sus hijos pequeños, ni a su marido ni a su familia. Se estaba perdiendo los pequeños y grandiosos detalles de la vida. ¿Cuánto tiempo hacía que no iba a la playa, o que no se tomaba un refresco en una terraza de algún lugar completamente desconocido? ¿Cuánto hacía que no jugaba con sus hijos a los castillos encantados o a los coches de bomberos?

Su padre tenía razón… Cuando tocase aquél piano, le recordaría a su niñez… Cada vez que tocaba ese piano, se acordaba de cuántas horas había perdido de juego, de cuántas horas se había quedado en casa sin salir por tener que practicar, de cuántas cosas había perdido. Ese piano, le había llevado a lo más alto. Pero se había dejado atrás lo más importante: Ese trasto de madera jamás podría darle el calor de unas manos que tocaban su piel o de un susurro antes de irse a dormir.

Su padre quiso que los recuerdos que le transmitiese ese piano en el futuro, fuesen distintos a los que estaban siendo realmente. Aquella noche, Victoria se dio cuenta de todo ello. Abandonó la sala llena de gente que no le proporcionaba lo más mínimo, para irse a otro lugar donde, tres personas le llenaban el corazón y el alma de felicidad.

Esa misma noche, decidió ser ella. Cogió el primer avión que pudo y se marchó a su casa con su familia. Fue recibida con los brazos abiertos.
Esa misma noche, Victoria eligió vivir.

[Letras malditas]

[Letras malditas]

No sé escribirte canciones bonitas.
No me salen las letras malditas aunque...
Te miro a la cara chiquilla y me doy cuenta...
que no la hay más bonita.

No sé escribirte canciones bonitas.
No me salen las letras malditas aunque...
Te miro a la cara chiquilla y me doy cuenta...
que no la hay más bonita.

Me encantaria... haberte poder escrito una canción bonita.
De esas que llenan el alma.
De esas que te hacen volar.
De esas que al escribirlas me dejan verte soñar.
De esas que al escucharlas me dejan verte llorar...

Pa luego decirte: niña, no me llores guapa.
No me llores, que ni tus lágrimas quieren salir de tus ojos marrones.
Que ni tus lágrimas quieren salir de esos ojitos que valen millones.

Inventaría un paraíso lleno de flores.
Pa ti capturaría to esos olores,
pa que lucieras en tu piel uno cada noche.
Y a la luz de la luna yo te diría que...

Inventaría un paraíso lleno de flores.
Pa ti capturaría to esos olores,
pa que lucieras en tu piel uno cada noche.
Y bajo la luna te diría... ¡Niña de mis amores!

No sé escribirte canciones bonitas.
No me salen las letras malditas aunque...
Te miro a la cara chiquilla y me doy cuenta...
que no la hay más bonita.

No sé escribirte canciones bonitas.
No me salen las letras malditas aunque...
Te miro a la cara chiquilla y me doy cuenta...
que no la hay más bonita.

Nunca... llegaré a escribirte lo que te mereces,
pero sí que lo pienso muchas veces,
en mi cuarto a solas... ¡Es diferente preciosa!
Deja que lo intente...

Tus ojos brillantes.. mis diamantes.
Tus labios... el caramelo de chocolate.
Tus manos... mi guía para tocarte.
Tú, mi amiga, mi fe, mi amante.

Inventaría un paraíso lleno de flores.
Pa ti capturaría to esos olores,
pa que lucieras en tu piel uno cada noche.
Y a la luz de la luna yo te diría que...

Inventaría un paraíso lleno de flores.
Pa ti capturaría to esos olores,
pa que lucieras en tu piel uno cada noche.
Y bajo la luna te diría... ¡Niña de mis amores!

No sé escribirte canciones bonitas.
No me salen las letras malditas aunque...
Te miro a la cara chiquilla y me doy cuenta...
que no la hay más bonita.

No sé escribirte canciones bonitas.
No me salen las letras malditas aunque...
Te miro a la cara chiquilla y me doy cuenta...
que no la hay más bonita.

[Momentos de soledad]

[Momentos de soledad]

Tu mirada, tu sonrisa, tus manos...
Cada parte de tu cuerpo está presente en mi vida a cada segundo.
Y es que te echo tanto de menos... Te necesito.
Grito tu nombre y no recibo respuesta. Imagino que te abrazo pero tú no estás...
Necesito que me hables. Necesito que me susurres.
Necesito sentirte tan cerca que parezca que los dos somos uno.

Hoy necesito besarte, necesito tocarte. Necesito decirte que te amo.
Sin ti no soy nada. Nada tiene sentido para mí si tú no estás conmigo...

Te echo de menos.

[Un día en la playa]

[Un día en la playa]

Aquél día iba a ser diferente. Una simple salida, un simple olor distinto, una cara nueva... Cualquier cosa fuera de lo común le bastaba a Ángeles para estar ilusionada todo el día.

Ángeles era profesora de primaria. Cada mañana se levantaba a las 8 para llegar al colegio a las 9 en punto. Cuando ella llegaba, sus alumnos ya estaban en fila para entrar en la clase. Aquél día iban a salir a la playa a dibujar en folios, a hacer figuras gigantes con la arena y a jugar con la pelota. Más tarde, les prometió que les invitaría a un helado.

Una vez que estaban todos dentro del aula y sentados en sus respectivos asientos, Ángeles se dispuso a pasar lista y a recoger las autorizaciones firmadas por los padres. Todo estaba en orden. Si ella estaba ilusionada por esa salida, los niños apenas durmieron la noche anterior debido a los nervios. ¡A ninguno se le olvidó la autorización!

Caminaron todos de dos en dos y en fila hacia la playa. Tardaron 15 minutos en llegar. Durante el trayecto, todos los niños comentaban qué figuras iban a hacer y qué cosas llevaban en sus mochilas. Chucherías, agua, palas, cubos... Sus pequeñas mochilas se convirtieron durante unas horas en un baúl de ilusiones.

¡Llegaron a la playa! En cuanto pisaron el paseo marítimo, salieron todos corriendo y gritando hacia la arena. Ninguno se fue al mar porque su profesora lo había prohibido terminantemente. Hicieron grupos de cinco personas y se colocaron en distintos lugares. Había cierta separación para que las figuras de arena les saliera bien. Ángeles, mientras sus alumnos modelaban, iba paseando de un lado a otro, vigilando que todo estuviese en orden.

Nunca imaginó Ángeles que unos niños tan pequeños pudieran hacer esas figuras tan hermosas. Sirenas, delfines, ballenas, barcos piratas, perros, castillos impresionantes... Había para todos los gustos. Tenía que puntuar, y sin pensarlo dos veces les puso un sobresaliente a todos.

Después de decir las notas, se fueron a una heladería. Uno de los niños se giró para ver las figuras desde lejos. ¡Había muchas personas alrededor de ellas haciendo fotos! Todos se pusieron muy contentos al ver que sus figuras gigantes de arena habían sido todo un éxito.

Acabaron el día rendidos, pero con unas grandes sonrisas pintadas en las caras. Ángeles disfrutó tanto o más que ellos. Tenían que repetir ese día, sin duda.

Camino a casa, Ángeles iba pensando en ese día. "Es increíble lo fácil que es hacer sonreír a un niño. Con una simple excursión a la playa han estado disfrutando hasta el último segundo."

Y sonrió ella también.

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Guapos/as!!!! He cambiado mi fotolog. Lo he puesto en flickr. El enlace está a la derecha. Pasaros si eso :p y me decís si puedo llegar a ser fotógrafa o no xD

Bueno, este fin de semana estoy en Madrid. Espero ver a Sory, Bita y a Synn :) Llego aquí el lunes, así que hasta el martes estaré bastante perdida. Aunque no sé si escribiré desde el ordenador de mi amol.

Pasadlo muy bien este finde y ya sabéis, sed muy malos ;p Ale, por la sombra.

[¿Crees en los Reyes Magos?]

[¿Crees en los Reyes Magos?]

-¿Tú crees en los ángeles?
-No.
-¿Y en las brujas?
-Tampoco.
-¿Y en los elfos?
-¡Menos!
-¿Y en Dios?
-No.
-¿No crees en nada?
-Mis padres dicen que no debo creerme nada de lo que me cuenten. Sólo tengo que creerles a ellos. Sólo puedo creer lo que veo. Y no he visto nada de lo que has dicho.
-Pues mis padres dicen que crea y tenga fe. Que le haga caso a mi imaginación. Que es lo mejor que tenemos. También me dicen que no deje de ser una niña nunca.
-Mis padres piensan que todo eso es una tontería.
-Entonces… ¿Tampoco crees en los Reyes Magos?
-Ya te he dicho que no creo en nada.
-¿Ni en el Ratón Pérez, ni en las hadas ni en los cuentos?
-¡Qué no!
-Pues vaya aburrimiento. Si no crees en nada de eso, no puedes ponerte en los lugares donde viven las hadas o los ángeles. Y si no puedes hacer eso… tampoco puedes jugar.
-Sí que juego, pero juego a cosas distintas del resto de los niños.
-¿Ah sí? ¿Y a qué juegas tú?
-Pues juego a ser abogado o juez. También juego a ser un hombre de negocios como mi padre. ¿Nunca has jugado a nada de eso?
-No… yo prefiero leer un cuento y luego jugar a la historia de ese cuento. Por ejemplo, si leo un cuento de príncipes y princesas, jugamos todos mis amigos. Las chicas somos las princesas que estamos raptadas en las mazmorras de una gran torre que la guarda un maligno dragón. Los chicos son los fuertes guerreros que luchan contra el dragón y le dan muerte para poder rescatarnos.
-¿Y para qué os molestáis en jugar a esas cosas si eso jamás os servirá de algo y nunca podrá ser real?
-¿Y quién dice que no pueda serlo?
-Yo.
-¿Y quién eres tú?
-Pues… un niño.
-Mentira. Tú no eres un niño. Tú eres un adulto en el cuerpo de un niño.
-Eso no es verdad.
-Si fueras un niño, te gustaría jugar a cosas absurdas como tú las llamas. Y creerías en todas esas cosas que creemos los niños. Y no te preocuparía si lo que estamos jugando nos servirá de algo o no. Simplemente jugarías, como hacen los niños.

Álex y Sofía se quedaron callados después de esa conversación. Sofía estaba enfadada con los padres de Álex porque por su culpa, Álex había crecido demasiado rápido. Álex, simplemente, echaba de menos ser un niño. Aunque sólo tuviese ocho años.

[El sonido de tus tacones]

[El sonido de tus tacones]

Desde pequeño, a Javier le gustaba mucho escuchar a las mujeres caminar. Le resultaba gracioso ese sonido que producían los tacones. Le relajaba. Había llegado a estar tan atento al sonido de los tacones de las mujeres, que llegó un día en el que supo reconocer a cada mujer de su vida por ese sonido.

“Clac… clac… clac…” Sonaban los tacones de alguien.

-Mira, ahí viene Susana. –Le decía a quién estuviera con él.

También sabía si la persona que caminaba con tacones estaba contenta o triste; cansada o animada; enfadada o tranquila. Nadie logró saber jamás cómo conseguía toda esa información a través de ese sonido tan simple.

Se solía sentar en la plaza las tardes en la que no tenía nada que estudiar y hacía buen tiempo. No conseguía ver a ninguna mujer que caminara realmente bien con esos zapatos que daban vértigo con sólo mirarlos. En algún momento de su camino, ese largo tacón les fallaba y provocaba casi la caída.

Puede parecer tonto, pero la obsesión que tenía Javier desde pequeño, era encontrar a una chica que realmente no se pusiera nerviosa cuando la miraran, a una chica que en ningún momento de su camino le fallara el tacón, a una chica con paso firme, que fuera ella quien dominara al tacón y no viceversa.

“Javier, lo que tú buscas se llama perfección. Y eso no existe. Creerás que no, pero tú buscas la perfección en la manera de andar de una mujer, en el sonido de sus tacones. Pretendes que jamás se caiga, que vaya con total seguridad siempre, que no tenga tan siquiera un pequeño desliz… Exiges demasiado, mi vida”. Solía decirle su madre.

Javier siempre se negó a darle la razón a su madre. Pero en el fondo, sabía que la tenía. Se refugiaba en esa obsesión, en esa manía… Y nunca encontró lo que buscaba… Hasta que un día…

Era una mañana de primavera. Javier salió temprano para correr un rato pues hacía tiempo que no hacía deporte y su cuerpo comenzaba a resentirse pese a su juventud. Corrió una media hora por la playa y otra media hora por el paseo marítimo. Le gustaba salir temprano para sentir el aire fresco de la mañana en su cara. Cuando se sintió cansado, se sentó en un banco que encontró en su camino. Miró hacia el suelo sin pensar en nada. Llevaba dos meses sin fijarse en el sonido de los tacones de la gente, y no había caído en esta cuenta.

Mientras estaba absorto en sus pensamientos, un sonido irrumpió su silencio interior. “CLAC… CLAC…” Eran unos tacones. ¿Pero qué tenían esos tacones que habían hecho que después de dos meses sin fijarse en ese sonido, volviera a hacerlo ahora? “CLAC… CLAC…”

“Paso firme… Es una chica segura de sí misma…” Pensaba Javier. Alzó la vista y siguió a la chica con la mirada. Efectivamente, iba con paso firme hacia algún destino que parecía esperarla impacientemente. La observó durante unos minutos. Sus tacones no le fallaron ni un segundo, aunque la chica supiera que estaba siendo observado por un extraño.

Javier se levantó y fue tras ella haciendo footing. Cuando llegó a su altura le habló:

-Hola. Me gusta el sonido de tus tacones.

La chica, sin parar de caminar, le miró y sonrió. Tras una conversación bastante tonta, Javier supo que no había ningún destino que le esperase a esa chica. Simplemente estaba paseando, al igual que él estaba corriendo. Llevaba una vida bastante monótona y tenía la esperanza de que aquella mañana le ocurriese algo. Y lo que le ocurrió, se llamaba Javier.

Consiguió que la chica aceptara tomarse un café con él aquella mañana. Y a esa mañana le sucedieron cientos de cafés, de almuerzos, de cenas, de noches románticas, de paseos por la mañana…

A partir de ése día, la obsesión de Javier por el sonido de los tacones de las mujeres, había desaparecido por completo. Ya había encontrado el sonido que necesitaba, el sonido que le hacía temblar de emoción, el sonido que le hacía sonreír e incluso llorar. Al fin había encontrado su sonido. Y no le importaba si a la chica, que se llamaba Paula, le fallaban sus tacones en algún momento de su camino, pues había comprendido que si esto ocurría, él sería su apoyo, él se convertiría en sus tacones y no dejaría que por ese desequilibrio Paula cayese.

[Tan sólo un instante...]



Si pudiera volver a tenerte entre mis brazos durante tan sólo un instante.
Si pudiera volver a contemplar tus ojos y recrearme en el brillo de tu mirar.
Si pudiera volver a ver esa sonrisa que me da la vida...

Tan sólo te pido un instante. Un instante para sentirme plena. Un instante para amarte. Un instante para enamorarme.

Te pido un instante. Un instante para que me acompañes al cielo, para que vengas conmigo al Paraíso, para que camines junto a mí, para que sigas enseñándome a volar. Un instante para que me guíes en mi camino, para que me dejes disfrutar contigo tus triunfos y acompañarte en tus tropiezos.

Sólo un instante... Quiero volver a sentir tu respiración. Quiero volver a sentir tu latir en mi pecho. Quiero volver a estremecerme cuando tu piel recorre cada milímetro de mi cuerpo.



¿Me das ese instante, Edu?

[¿Amistad?]

Había olvidado el placer de reunirte con amigos... Había olvidado el placer de sentir que realmente hay alguien al que se le pueda denominar amigo. ¿De verdad es tan difícil preguntar "¿Qué tal estás?, "¿cómo lo llevas?, ¿cómo te encuentras?"? De verdad, es increíble. Tal vez será porque yo no soy así. A mí no me cuesta nada coger el teléfono y preguntarle a una persona que está mal (ya sea físicamente como psicológicamente) qué tal está.

Pero parece que en esta sociedad, los pilares que realmente la sostenían que eran la amistad y el amor, se van derrumbando a pasos agigantados y por segundos. Cada momento que pasa, nos damos cuenta de quiénes son amigos y de quiénes no. Pese a que esto sea muy triste puesto que casi siempre te vas quedando sin amigos verdaderos, es mejor que suceda así. Total, ¿para qué te sirven personas a las que les da exactamente igual lo que te pasa?. Para eso ya tenemos a los completos desconocidos o a los enemigos.

Siempre he opinado igual. Una amiga (o un amigo) es como una flor: La tienes que regar cuando te pide agua, la tienes que transplantar cuando las raíces comienzan a molestarle... En fin, tienes que cuidarla. Si no lo haces, acabará muriéndose. Os pongo aquí un trocito de "El principito", que define a la perfección lo que quiero decir.

"Apareció entonces el zorro;

-Buenos días-saludó el zorro.
-Buenos días-contestó amablemente el principito que al darse vuelta en dirección a la voz no vio a nadie.
-Si me buscas, aquí estoy-aclaró el zorro- debajo del manzano...
-Pero..., quién eres tú?-preguntó el principito- Eres muy hermoso...
-Soy un zorro-dijo el zorro.
-Acércate..., ven a jugar conmigo-propuso el principito- Estoy tan triste!...
-Jugar contigo? No..., no puedo-dijo el zorro- Aún no estoy domesticado.
-Ah! Perdón-se excusó el principito.

Interrogó, luego de meditar un instante:

-Has dicho "domesticar"? Qué significa "domesticar"?
-Tú no eres de aquí-afirmó el zorro- Puedes decirme qué es lo que buscas?
-Busco a los hombres-respondió el principito- Dime, qué significa "domesticar"?
-Los hombres-intentó explicar el zorro- poseen fusiles y cazan. Eso es bien molesto. Crian también gallinas; es su único interés. Tú buscas gallinas, verdad?
-No-dijo el principito- Busco amigos. Qué significa "domesticar"?
-Ah!..., es una cosa muy olvidada-respondió el zorro- Significa "crear lazos".
-Crear lazos?-preguntó el principito.
-Así es-confirmó el zorro- Tú para mí, no eres más que un jovencito semejante a cien mil muchachitos. Además, no te necesito. Tampoco tú a mí. No soy para tí más que un zorro parecido a cien mil zorros. En cambio, si me domesticas..., sentiremos necesidad uno del otro. Serás para mí único en el mundo. Seré para tí único en el mundo...
-Creo que empiezo a entender-dijo el principito- Hay una flor... Creo que me ha domesticado.
-Es probable-contestó el zorro- En este planeta, en la Tierra, pueden ocurrir todo tipo de cosas...!
-Oh! No es en la Tierra-se apresuró a decir el principito.

El zorro se quedó no menos que intrigado.

-Acaso en otro planeta?
-Sí.
-Puedes decirme si hay cazadores en ese planeta?
-Oh, no! No los hay.
-Me está resultando muy interesante, Hay gallinas?
-No.
-No existe nada que sea perfecto-dijo el zorro suspirando.

Luego prosiguió:

-Mi vida es algo aburrida. Cazo gallinas y los hombres me cazan. Todas las gallinas se parecen como también los hombres se parecen entre sí. Francamente me aburro un poco. Estoy seguro que..., si me domesticas mi vida se verá envuelta por un gran sol. Podré conocer un ruido de pasos que será bien diferente a todos los demás. Los otros pasos, me hacen correr y esconder bajo la tierra. Pero el tuyo sin embargo, me llamará fuera de la madriguera, como una música. Mira! Puedes ver allá a lo lejos los campos de trigo? Yo no como pan, por lo que para mí el trigo es inútil. Los campos de trigo nada me recuerdan. Es triste! Pero tú tienes cabellos de color oro. Cuando me hayas por fin domesticado, el trigo dorado me recordará a ti. Y amaré el sonido del viento en el trigo...

El zorro en silencio, miró por un gran rato al principito.

-Por favor... domestícame!-suplicó.
-Lo haría, pero... no dispongo de mucho tiempo-contestó el principito. Quisiera encontrar amigos y conocer muchas cosas.
-Sabes...? Sólo se conocen las cosas que se domestican-afirmó el zorro. Los hombres carecen ya de tiempo. Compran a los mercaderes cosas ya hechas. Y... como no existen mercaderes de amigos, es muy simple, los hombres ya no tienen amigos. Si realmente deseas un amigo, domestícame!
-Y... qué es lo que debo hacer?-preguntó el principito.
-Debes tener suficiente paciencia-respondió el zorro- En un principio, te sentarás a cierta distancia, algo lejos de mi sobre la hierba. Yo te miraré de reojo y tú no dirás nada. La palabra suele ser fuente de malentendidos. Cada día podrás sentarte un poco más cerca.

Al otro día el principito volvió:

-Lo mejor es venir siempre a la misma hora-dijo el zorro- Si sé que vienes a las cuatro de la tarde, comenzaré a estar feliz desde las tres. A medida que se acerque la hora más feliz me sentiré. A las cuatro estaré agitado e inquieto; comenzaré a descubrir el precio de la felicidad! En cambio, si vienes a distintas horas, no sabré nunca en qué momento preparar mi corazón... Los ritos son necesarios.
-Qué son los ritos?-preguntó el principito.
-Se trata también de algo bastante olvidado-contestó el zorro- Es aquéllo que hace que un día se diferencie de los demás, una hora de las otras horas. Te daré un ejemplo. Entre los cazadores hay un rito. Todos los jueves bailan con las jóvenes del pueblo. Para mí el jueves es un maravilloso día, ya que paseo hasta la viña. Si los cazadores no tuvieran un día fijo para su baile, todos los días serían iguales y yo no tendría vacaciones.
Fue así como el principito domesticó al zorro. Pero al acercarse la hora de la partida:

-Ah!-dijo el zorro- Voy a llorar.
-No es mi culpa-repuso el principito- Tú quisiste que te domesticara, no fue mi intención hacerte daño...
-Sí, yo quise que me domesticaras-dijo el zorro.
-Pero dices que llorarás!
-Sí-confirmó el zorro.
-Ganas algo entonces?-preguntó el principito.
-Gano-aseguró el zorro- por el color del trigo.

Luego sugirió al principito:

-Vuelve y observa una vez más el jardín de rosas. Ahora comprenderás que tu rosa es única en el mundo. Cuando vuelvas para decirme adiós, yo te regalaré un secreto.

Se dirigió el principito nuevamente a la rosas:

-En absoluto os parecéis a mi rosa. Nadie os ha domesticado y no habéis domesticado a nadie. Así era mi zorro antes, semejante a cien mil otros. Al hacerlo mi amigo, ahora es único en el mundo.

Las rosas se mostraron ciertamente molestas.

-Sois bellas, pero aún estáis vacías-agregó todavía- Nadie puede morir por vosotras. Es probable que una persona común crea que mi rosa se os parece. Ella siendo sólo una, es sin duda más importante que todas vosotras, pues es ella la rosa a quien he regado, a quien he puesto bajo un globo; es la rosa que abrigué con el biombo. Ella es la rosa cuyas orugas maté (excepto unas pocas que se hicieron mariposas). Ella es a quien escuché quejarse, alabarse y aún algunas veces, callarse. Ella es mi rosa...

Regresó hacia donde estaba el zorro:

-Adiós-dijo.
-Adiós-dijo el zorro- Mi secreto es muy simple: no se ve bien sino con el corazón; lo esencial es invisible a los ojos.
-Lo esencial es invisible a los ojos-repitió el principito a fin de acordarse.
-El tiempo que dedicaste por tu rosa, es lo que hace que ella sea tan importante para ti.
-El tiempo que dediqué por mi rosa...-repitió el principito para no olvidar.
-Los hombres ya no recuerdan esta verdad-dijo el zorro- En cambio tú, por favor... no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa...
-Soy responsable de mi rosa...-dijo en voz alta el principito a fin de recordar...

[Una sorpresa]

[Una sorpresa]

Tras un largo día de trabajo, Marta llegó a casa completamente agotada. Tan sólo quería darse un buen baño con agua caliente y sentarse en el sofá a leer el libro que ya tenía abandonado en su mesilla de noche.

Esa noche ni siquiera se fijó en si había o no mensajes en su contestador. Tampoco se fijó en el correo. Estaba tremendamente cansada y bastante desilusionada.

Aquél día en el que Marta se sentía tan abatida, no era un día corriente. Era el día de su primer aniversario. No había recibido ni una rosa, ni un pequeño detalle, ni una simple llamada... Y no podía negarlo, se desencantó bastante.

“Eso te pasa por ser tan detallista Martita. Seguro que si no le dieras tanta importancia a esos detalles tontos, ahora mismo no estarías a punto de llorar por no recibir una llamada suya."

Soltó de mala gana el bolso en el sofá. De camino al baño fue quitándose la ropa. No se esperó ni a entrar para terminar de desnudarse. Abrió el grifo y lo puso lo más caliente que pudo.

Fue al espejo a recogerse el pelo.

"Estúpida. Todo el día harta de trabajar, intentando terminar todo a tiempo para no quedarte más tiempo en ese despacho y así poder ir a cenar con él o a dar una vuelta... Y mira. Seguro que ni se ha acordado".

El agua caliente hizo que el espejo se empañara. Y ahí estaba la sorpresa que tanto esperaba. En el espejo, alquien había escrito un TE QUIERO.

Marta suspiró. Sonrió. Un instante después, Raúl, su novio, aparecía detrás de la puerta con una rosa roja preciosa. Raúl fue hacia ella sin mediar palabra y abrazó su cuerpo desnudo."

*********************

Bueno, tengo escoliosis (o algo así xD). ¿Qué quiere decir? Que tengo desciación en la espalda, contracturas en ambos trapecios y una caderita más alta que otra (pero no estoy coja). Así que apenas puedo coger el ordenador porque se me fastidia mucho más la espalda. Aún así, haré como al principio: escribiré historias para toda una semana y Edu se encargará de subirlas. Pero no podré comentaros hasta el fin de semana.

Cambiando de tema. Les deseo MUUUUUUUUUUUUUUUCHA suerte a María (Nimué y su Kaos) y a Ana (4D4), que ya estarán terminando los exámenes y preparándose para Selectividad. Ánimo mis niñas, que os lo váis a comer con patatas!!!! Os quiero mucho, lo sabéis, ¿verdad?

Y poco más. ¡Ah! darle las gracias a MyeC por la pedazo de página que me ha hecho. Eres un cielo despejado y con un sol que no veas!!!! xD

Y a Edu, que te animes mi vida. Te quiero muchísimo y no te pienso dejar sólo en este bache ok??? Te amo!

[La rana que no sabía croar]

[La rana que no sabía croar]

No hace mucho tiempo, en un lugar no muy lejano, se encontraba el país de Juglería. Este país era pequeño y en él sólo había vegetación y fauna. A simple vista puede parecer un país muy aburrido. Pero sus habitantes eran muy singulares.

Como he dicho antes, sólo había vegetación y fauna. ¡Pues éstos eran sus habitantes! Los árboles, las plantas, las flores, las abejas, tortugas… vivían en casas, hablaban, hacían la compra y todo igual como nosotros.

Las largas jirafas tenían una casa enorme. Y arriba del todo, más allá de las nubes, se encontraba el tejado de sus casas. En el tejado había una pequeña ventana por donde sacaban las cabezas y observaban todo su pequeño país. Las aves les hacían visitas de vez en cuando. El resto de animales, preferían hablar con las jirafas en el parque, puesto que en su casa, al estar tan alto todo tenían que hablar a gritos y terminaban afónicos.

Los delfines eran los más juguetones. Pero también los más irresponsables. No tenían casas. Se pasaban todo el día paseando a lo largo del océano, visitando a sus amigos los cangrejos, las sardinas, las grandes ballenas, etc. No se preocupaban del trabajo. Lo único que les importaba a estos bellos ejemplares era pasárselo bien. En Juglería se oía durante toda la mañana, toda la tarde y gran parte de la noche las risas incansables de los delfines.

Otros habitantes especiales de este país, eran las ranitas. Y en una de éstas ranitas se centra nuestra historia. No había muchas ranas en Juglería. Tan sólo una familia: la familia Croac. La familia Croac estaba compuesta por Verdi Croac, el padre; Rosi Croac, la madre; Stell Croac, la hermana mayor; Peli Croac, el hermano mediano; y Lucy Croac, la pequeña. Era una familia muy bien vista en aquél país. Tenían una gran casa, una buena posición económica, unos hijos que sacaban grandes notas en las mejores escuelas, un verde esmeralda en sus pieles que cegaban a cualquiera… Eran muy envidiados. Pero como en toda familia, había algo que les inquietaba a todos, tanto a los miembros de ella como a los curiosos vecinos: Lucy Croac, no sabía croar.

¿Cómo no puede saber una ranita croar? Nadie lo comprendía. Se pasaba el día en clases para aprender a croar, sus padres estaban todo el día ayudándole… Pero no había forma. Lucy no croaba. Un día, Lucy fue a visitar a la vieja abuela Spell, la mamá de su papá.

-Lucy, querida… ¿Aún no sabes croar?
-No, abuela. ¡Y de verdad que lo intento! Voy a clases, hago todo lo que me dicen mis padres y mis hermanos… Pero nada, abuela.
-Pero no entiendo por qué. Hace tiempo que ya deberías estar croando. Tienes ya dos años y no has hecho el más mínimo ruido…
-Lo sé abuela… Pero me pongo muy nerviosa cuando están con tanto interés. Y con todos esos vecinos curiosos, que no paran de murmurar… Cuando creo que me va a salir, me pongo nerviosa…
-Hmm… Ya sé cuál es el problema. Vamos a hacer una cosa. Te vas a quedar una temporada en mi casa, que está bastante apartada de tu ciudad. Te vas a relajar y vas a jugar aquí todo cuanto quieras. No te voy a obligar a que croes. El día que tú creas que estás preparada, lo harás.

Y así hicieron. La abuela habló con toda la familia y ellos consintieron la marcha temporal de Lucy a casa de la abuela Spell.

Durante el tiempo que estuvo en la casa de su abuela, ni se acordó que no sabía croar. Jugó, saltó, disfrutó... Se olvidó de todo lo que le obsesionaba y agobiaba en su vida con los padres.

Pero el tiempo pasó y tuvo que regresar. Pero no le importó. Cuando llegó, saludó a todos croando. Sus padres y sus hermanos estaban tan sorprendidos que no pudieron reaccionar sorprendentemente.

“¿Véis? No podéis agobiar tanto a una rana tan pequeña. Todo llega. Si no era su hora, pues no lo era y punto. Para la próxima vez, dejadla libre. En mi casa ha jugado y ha disfrutado como una ranita pequeña, que en definitiva, es lo que es. Espero que esto os sirva de lección.”

Dijo la abuela.

[¿Viajas conmigo?]

[¿Viajas conmigo?]

Como cada tarde, Sofía fue al hospital a visitar a su abuelo Tomás. Tomás estaba ingresado desde hacía un mes por molestias respiratorias. Sofía entendía perfectamente qué le estaba ocurriendo a su abuelo, pero prefería no pensar en ello.
Iba a verlo cada tarde después de estudiar y los fines de semana también. Se lo pasaba bien estando allí, haciéndole compañía a Tomás. Sofía le leía un libro para que no se aburriera: “Ojalá fuera cierto”, se llamaba el libro. Una tarde tocaba lectura, y a la tarde siguiente tocaba charla o simplemente escuchar las interesantes historias que Tomás guardaba en un rincón de su mente.
Tomás tenía un compañero de habitación, Alberto. Alberto, se había convertido en uno más de la familia para Sofía. El libro que le leía a Tomás, también iba dirigido para Alberto. Y los días que tocaba charla o historias, Alberto era el que más se entusiasmaba contando sus anécdotas.
Tomás y Alberto le habían enseñado a Sofía infinidad de cosas. Sofía aprendió que las estrellas eran las hijas del sol y la luna. Que el mar era el amante secreto de la luna. A Sofía le fascinaban esas historias. Era mucho más divertido que todo lo que aprendía en el colegio.
Alberto había viajado mucho desde pequeño. En ese mes que había estado Sofía yendo a verlos, Alberto le había descrito cientos de lugares. En una sola tarde, Sofía y Tomás podían viajar con la imaginación a cientos de lugares. Paría, Roma, Sydney, Nueva Cork, Nicaragua, Argentina, México, el desierto de Sahara, etc. Lo describía todo a la perfección. No se olvidaba ni del más mínimo detalle.

“En el desierto de Sahara, es cierto que hace calor. ¡Pero sólo durante el día! Por la noche puedes llegar a coger hipotermias. Cuando caminas por allí, se te hace muy pesado el paseo. La arena se te mete dentro de los zapatos, y si se levanta una pequeña brisa, se te mete en los ojos. Es bastante incómodo. Pero cuando vez las maravillosas dunas, esa extensión tan inmensa de tierra, esa majestuosidad de paisaje, se te olvida todo.”

Mes y medio más tarde, a Tomás le dieron el alta. Se marchó a casa y se despidió de Tomás con la promesa de venir a verlo en cuanto retomara las fuerzas. Sofía también se despidió de él, sólo que ella le prometió seguir viniendo cada día, como había hecho hasta el momento. Y cumplió su promesa.
Un día, llegó a la habitación y Alberto no estaba. Les extrañó muchísimo. Fue en busca de la enfermera para preguntarle dónde le habían trasladado.

-Buenas tardes señora. ¿Sabes dónde han trasladado a Alberto Ruiz? -¿Alberto Ruiz?
-Lo siento, niña. Alberto murió anoche mientras dormía.

Sofía se quedó de piedra. No supo reaccionar.

-¡Cielo! No estés mal. Alberto fue muy feliz siempre. Supo verle el lado bueno a la vida, pese a que se tiró postrado en una cama de hospital la mayor parte de sus días…
-¡Eso no es cierto! Alberto viajó por todo el mundo. Él me describió cada rincón en el que estuvo y yo pude imaginármelo a la perfección.

La enfermera suspiró.

-Preciosa… Alberto era ciego desde que nació. Aunque hubiera viajado, jamás pudo describirte realmente lo que vio, puesto que nunca lo hizo. Pero que eso te sirva de consuelo. Alberto estaba tan enamorado de la vida y tan apegado a ella, que su mente vio todo lo que no pudieron ver sus ojos. Y esa imaginación tan grande, os sirvió a vosotros de entretenimiento. Os contó bellas historias de sus viajes imaginarios. Así no os mintió. Sólo, no os lo contó todo.

Sofía se marchó cabizbaja, pero con una sonrisa en la cara.

“Gracias por darme un trocito de tu felicidad e imaginación, Alberto”.

[Las cinco del viernes]

Vuelvo a este juego. Aquí os dejo las cinco del viernes pasado. Este viernes pondré las de esta semana, y el lunes comienzo con mis historias.

Besitos a todos.

1. ¿Cuál es el mejor hotel en el que has estado?
Hmmm... Pues no es que haya estado en demasiados hoteles... Pero bueno, el último en el que estuve estaba bastante bien: Meliá Barajas.

2. ¿El mejor restaurante?
Frutos. En Torremolinos.

3. ¿La playa mas increible?
La de Denia, Alicante. Ya se sabe que las playas de Málagas... con eso del Estrecho... en fin.

4. ¿El viaje mas recomendable?
Madrid forever. Aunaque muchos de vosotros eso no es un viaje.

5. ¿la puesta de sol mas impresionante?
Pues aún no he tenido ninguna realmente impresionante. Supongo que la que realmente me impacte será la que vea junto a Edu :)

Ala, ahí quedan. Un besito a todos y hasta el viernes ;)

[Muy ocupada]

Mi blog está abierto. Pero ahora estoy tan ocupada que no puedo dedicarle apenas nada de tiempo. Voy a escribir esta semana historias para tener cubiertas aquí un par de semanas ok? Prometo colgar una historia a final de esta semana ;) Muchas gracias por vuestra paciencia.

Os dejo una de mis canciones favoritas. Ya la conocéis.

MY WAY

El fin muy cerca está, lo afrontaré serenamente,
ya ves, yo he sido así, te lo diré sinceramente.
Viví la intensidad y no encontré jamás fronteras.
Jugué sin descansar y a mi manera.

Jamás viví un amor que para mí fuera importante.
Tomé solo la flor y lo mejor de cada instante.
Viajé y disfruté, no se si más que otro cualquiera.
Si bien, todo eso fué a mi manera.

Tal vez lloré, tal vez reí,
tal vez gané o tal vez perdí.
Ahora sé que fui feliz, que si lloré también amé.
Y todo fué, puedo decir, a mi manera.

Quizás también dudé cuando mejor me divertía.
Quizás yo desprecié aquello que no comprendía.
Hoy sé que infierno fuí y que afronté ser como era
y así logré seguir, a mi manera.

Porque ya sabrás que a un hombre al fin
conocerás por su vivir.
No hay porqué hablar, ni qué decir,
ni recordar, ni hay que fingir.
Puedo llegar hasta el final, A MI MANERA!!

[La vida es un paseo...]

[La vida es un paseo...]

Cuando Ángela despertó de su largo sueño, no sabía diferenciar si todo ese tiempo que había vivido con los ojos cerrados, era un sueño o era la realidad. Tampoco le importaba demasiado. En ese sueño, se entrelazaron temores, agobios... No le había gustado.

Y ahora estaba feliz. Feliz por haber despertado. Ahora haría todo lo que se propuso un día y que por falta de coraje no fue capaz de hacerlo. Ahora, era el momento.

Cumpliría sus sueños, viviría al máximo, disfrutaría de cada instante. "Cogí sólo la flor. Lo mejor de cada instante". Se le vino a la mente esa canción. My way...

Tenía los ojos abiertos. Y no iba a cerrarlos si no era para dejar que su imaginación volase para poder tocar las nubes.

Porque la vida es un paseo... No una carrera. No recordaba bien quién dijo esa frase. Pero la llevaría a cabo.

[Adiós]

En breve cierro la página. Un placer haberos leído a todos. Nos vemos en el msn.

Hoy te he buscado...

Hoy te he buscado. Te he buscado en las nubes, en el calor del sol, en el canto de los pájaros. Te he buscado en el color de las flores, en la leve brisa que se colaba por las calles, en el susurro del mar.

Te he buscado en las miradas de la gente que no me miraban. En los labios de aquellos extraños que jamás besaré. En las manos de esos que no me han tocado siquiera. Y no he parado. No he parado de buscarte; lo he hecho hasta rozar la locura.

Pero no te he encontrado. Sólo veía miradas que no ven, manos que no sienten y labios que sólo se mueven cuando hay algo que decir. El susurro del mar me ha traído los recuerdos de este amor. La brisa juguetona, los olores de un tiempo pasado. Ni los pájaros, ni las nubes ni tan siquiera el calor del sol han podido traerte a mi vera.

Sólo recuerdos. ¿Pero qué son los recuerdos? Momentos vividos, a veces buenos. Otras, no tan buenos.. Grito, lloro, desespero... Pero por más que implore a los cielos que me dejen estar junto a ti, que se acabe esta distancia que nos separa. Quiero tenerte. Quiero abrazarte, pero cuando me dispongo a hacerlo, me doy cuenta de que esto no es real.

Hoy he soñado contigo. Y no he tenido que buscarte. Estabas ahí, junto a mí y jurabas no marcharte nunca. Te quedarías siempre junto a mí, viendo pasar los meses, viendo pasar los años. Cumpliendo todos nuestros sueños sin soltarnos de la mano...

Pero me he despertado. Me he despertado y he vuelto a este infierno donde ardo sola por esta pasión que no perdona. Te necesito... Necesito besar tus labios, contemplar tu mirada, rozar tu piel...

Ven. Rompamos esta distancia que nos separa.

[¿Me cuentas un cuento?

[¿Me cuentas un cuento?

-¿Me cuentas un cuento?
-¿Un cuento?
-Sí, un cuento.
-¿Y de qué quieres que sea? ¿De príncipes y princesas? ¿De ogros y unicornios? ¿O de una niña traviesa como tú?
-No. Quiero que me cuentes el cuento de la ballena.
-¿De la ballena? No sé ninguno de una ballena.
-Sí que sabes. Intenta buscar dentro de tu cabecita.

Javier no sabía ningún cuento de ballenas. Pero tampoco sabía cuentos de príncipes y princesas, ni de ogros y unicornios. Se le deban fatal los niños pequeños. Pero su hermana estaba en esa edad que no paraba de pedir cosas, como cuentos. Así que tuvo que hacer un gran esfuerzo.

-¡Ah! El de la ballena... ya recuerdo. –Mintió Javier.

Érase una vez una ballena que se llamaba Charlotte, pero le decían Lotty. Lotty era muy juguetona, como tú. Sus padres estaban cansados de decirle que no podía estar todo el día paseando por el ancho e inmenso océano. Tenían que acompañarla siempre al colegio sus padres porque si no se escapaba a ver a sus amigas las mantas, las medusas... Pero Lotty no hacía caso nunca.

-OOOhhhh –Exclamó Bea, la hermana de Javier.
-Ssshhh, que si no me desconcentro.

Le aterraba pensar que un día se podía encontrar con uno de ellos. Pero pese a su miedo, salí cada día a recorrer kilómetros enteros sólo para ver a sus amigos a los arrecifes de coral.

-Y colorín colorado... Este cuento se ha acabado.
-Yo soy como Lotty. Quiero jugar todo el rato y mamá no me deja.
-Jajaja. Porque también tenemos nuestros deberes, Bea.
-Ya... Oye Javi, no se te da tan mal contarme cuentos. ¿Para cuándo el próximo?
-¡Eh! No te pases que demasiado que he accedido hoy y porque me has pillado con el cuerpo tonto. Tal vez la semana que viene haya otro...
-¡Vale!

Javier comenzaba a pensar otro cuento para su hermana pequeña. La semana que viene le leería uno nuevo.

[Historia de un amor]

[Historia de un amor]

Se acercó a ella sin hacer ruido. Estaba sentada en un banco del parque, con un libro de poesía en sus manos. La melena rubia se movía de lado a lado, mecida por el viento que comenzaba a levantarse a aquellas horas de la tarde. Sus ojos se mantenían entre las líneas del libro. Un separador se movía entre los dedos de su mano izquierda. Tenía el bolso abierto. Desde la parte de atrás, él podía ver la funda de un móvil, y un estuche. Cada vez estaba más cerca. Un paso lo distanciaba del banco. Y de ella.

No sabía cual sería su reacción al verle, y lo cierto es que tampoco le importaba demasiado. Por culpa de esa chica había perdido la conciencia, el tiempo y la razón. Ella le había despreciado ¿Y qué había hecho él para merecerlo? Tan sólo colmarla de regalos y atenciones. Pero el tiempo no había logrado acallar ese amor que gritaba a voces que lo hiciesen público, que no se escondiesen mas. Una ráfaga de viento meció de nuevo su rubia melena, y pudo oler su perfume de jazmín. Estaba tan cerca…

El sonido del segundero del gran reloj que se alzaba en mitad de la plaza se le colaba por los oídos...tic-tac, tic-tac, una y otra vez, lentamente, marcando en cada nuevo devenir un paso hacia atrás, puede incluso que dos. Y fue entonces, absorto en su propia locura, cuando le pareció volver de nuevo allí. Le dolía lo blanco de las paredes, enfermeras entrando y saliendo, susurros de desaprobación, secretos a voces, las camillas y su ronronear colándose en su cabeza. Y la ausencia, la lejanía de ella que tanto lo había martirizado. El horror que intentaba esconder tras su melena rubia mientras sus ojos viajaban de arriba abajo por cada una de sus cicatrices.

Nunca se hubiera imaginado que un simple recuerdo pudiera hacer tanto daño. Mientras se acercaba a ella, seguía recordando. Todas esas noches de lágrimas. Todos esos amaneceres esperando algún pequeño cambio en su conducta. Todos esos paseos en solitario, deseando que en algún momento ella apareciese y le llamara. Pero nunca apareció. Nunca se terminaron esas lágrimas. Nunca llegó lo que esperaba en esos amaneceres. Sin embargo, a medida que se acercaba a ella, fue olvidando todo. Ella estaba ahí, y el daño anterior ya no importaba. Sólo quería volver a mirarla una vez más. Volver a tocarla…

Puso su mano sobre el hombro de ella, quien suavemente giró su rostro hasta encontrarse con el de él… Sin decir nada se levantó del banco y permanecieron enlazados por un abrazo sin decir nada más, a él normalmente le costaba especial trabajo en externar sus sentimientos, tenía la esperanza de que su cuerpo hablará por él, de que la fuerza de ese abrazo le dijera a ella todo lo que había en su interior, que a pesar de los años y del daño que le pudo causar su corazón seguía latiendo por ella. Se separaron y se miraron a la cara, él se atrevió a tomar entre sus manos el rostro de quien le robaba los mas íntimos y tiernos pensamientos, lentamente acerco sus labios a los de ella para besarla muy suavemente. Luego con sus labios limpió las lágrimas de arrepentimiento que ella derramaba, nuevamente se perdieron en un abrazo fuerte, tan fuerte como no lo habían experimentado desde hace mucho tiempo, ella le susurró al oído “aún te amo” en ese momento él se olvido del daño que pudo causarle, la vida les presentaba una segunda oportunidad y, éste reencuentro le decía que era ella el amor de su vida. Pudo sentir que la cercanía de sus cuerpos le producía excitación que iba mas allá de sus instintos; llegaba a su corazón y sacudía su alma misma…

Los segundos pasaban al compás de las agujas de aquel gran reloj. Para ellos, el tiempo parecía no continuar. De forma inesperada una nube cubrió el parque, y un manto de lluvia les sorprendió. Él se quito su abrigo y la cubrió con el. Ella le sonrió dulcemente y lo besó, saboreando de sus labios aquellas gotas de lluvia saladas que ya cubrían sus rostros, y sin decirse ni una sola palabra, agarrados de la mano, corrieron hacia aquel lugar, aquel lugar que los dos tenían en sus mentes, donde una y otra vez pasaron las horas, aquellas horas…

Lugar de sus sonrisas. De súbito, en un inesperado gran estruendo cayó del cielo el reloj de la torre, redondo e inmenso. Hincando la esfera en el suelo su presente, pasado en añicos delante de ellos. Perplejas se clavaron las agujas, desubicadas en el esférico agujero por sus descompensados retrasos. Postrados los números en su tercio delantero, menos uno, el dos. Romano alienado en paralelo junto a un desafiante mecanismo magnético, que de momento, les desenmascaró el fin del tiempo. Sus vidas y el rincón de ese lugar de sonrisas aún seguían intactos. Desnudo el, desde la última vez que unos senos volaron a su tacto, entremetiéndose por un vestido. Desnuda ella, desde la última vez que rasgó un cuello con sus uñas suaves y tersas.

Él recorrió el tacto caliente de su piel, despacio, delicadamente... como el caminar de puntillas sobre las piedras de un lago. Ella cerraba los ojos y provocaba refugios para que su amado explorador se aventurara en ellos: la curva de su espalda, el pliegue de su seno, la bajada de su vientre… Y así, después, él debía recuperar, sediento, el aliento en sus labios. Al pasar del segundero detenido, el roce de los cuerpos hambrientos se hacía más intenso, las dentelladas de las caderas abandonaban las proposiciones y pasaban a la acción. El ambiente se tiñó morado entre suspiros... y sólo se miraron…

Sin esperarlo la tarde se hizo noche y los besos dulzura que colmaban esos maravillosos momentos de rencuentro y felicidad se transformaron de repente en prisa y en sorpresa. Ella, nerviosa… Con cara de pánico e incluso vergüenza comenzó a ponerse nuevamente las piezas de ropa que tan apasionadamente se había quietado… Vio entonces que tenía la blusa rasgada y pensó que probablemente su corazón también lo estaba… Se acordó de lo malo, del dolor, del sufrimiento y la inestabilidad que había vivido en esa relación y que por mucho que le quisiera ya nadie podría borrar eso, porque su corazón y sus sentimientos no eran un trapo apto para una lavadora. Empezó a resbalarle una lágrima por la mejilla. La del arrepentimiento, la del no puede ser. La lagrima más dolorosa que había llorado nunca y quizá la más salada y contradictoria. Él se sorprendió tanto como ella, pero de diferente modo. No entendía nada de lo que estaba pasando, la incredulidad se estaba sirviendo fría, y él para intentar detener lo inevitable entonces la volvió abrazar pero con un movimiento brusco ella lo rechazó para luego…

…salir rápidamente de la habitación sin decir una palabra. Él tratando de entender la situación tardo unos segundos en salir prácticamente desnudo tras ella. Pero al llegar a la calle ella había desaparecido. Desesperado miró hacia todos lados y solo vio un taxi alejarse rápidamente del lugar. El peor de sus temores se había concretado. La historia se repetía. Las heridas quedaban nuevamente abiertas y sangrantes a la luz de la luna. Cuando se dio cuenta, su desnudez se había convertido en el centro de atención de la gente que pasaba por el lugar y no podía hacer otra cosa que mirarlo con un tanto de sorpresa y un toque de desdén. No tuvo otra alternativa que regresar a la habitación. Pero lo que encontró ahí le sorprendió aún más…

Sentada sobre las sábanas, en las que horas antes se habían dejado llevar por sus emociones, estaba ella. Aún no había recuperado el aliento, y sus ojos no podían disimular el asombro que una vez más le causaba su presencia. Su cabello azabache, seguía resaltando la palidez de su piel, y como la última vez, su mirada fría le recordaba que de nuevo había caído en el mismo error. Segundos después su cabeza se apoyaba en las piernas de Paula, y sin poder contener las lágrimas, le pedía perdón por haber roto su promesa. Aquella que una tarde de abril le hizo, asegurándole que la sacaría de su cabeza, que volaría lejos, allí donde la memoria borrara ese episodio de su vida… sin embargo, no lo había cumplido… Levantó la cabeza, la miró, y en sus ojos pudo verse reflejado… frágil, como entonces, como siempre. Ella, metió la mano en el bolsillo de su abrigo azul, y le entregó un sobre. Su último comentario le indicó que allí encontraría respuesta a muchas de sus preguntas, y con un beso al aire, salió sigilosamente de la habitación.

Salió de la habitación lanzando un suspiro al aire entre aliviada, consternada y entristecida. ¿Y esto ha sido todo?, ¿tanto tiempo esperando este encuentro, para esto? Al salir, se apoyó en la pared. Ni ella se lo creía. La máscara del romantismo cayó ante sus manos, resbalando desde la nariz respingona hasta el mentón suave y allí la recogió ensimismada aún. El tiempo había pasado para todos, no sólo para ella. Sólo el ciprés permanecía impávido al otro lado del muro. Lo miro y recordó la de veces que habían reído pisando su sombra y una sonrisa despistada le transformó el rostro por décimas de segundos.

El pasado hay que dejarlo ser pasado -, pensó. Había dejado en ese sobre el poquito de su ayer que aún conservaba en el presente y que no compartía con nadie. Lo había guardado durante años, con la vana ilusión de recuperar días felices, y ahora lo acababa de entregar a la persona por la que vivía, por la que había vivido. No había habido una respiración suya donde no hubiera estado él. Él pensado, él soñado, él deseado… él… él. Suspiró, cerró los ojos un segundo volviéndolos a abrir, alzó la cabeza y echó a andar sintiendo una ligereza que le supo a desequilibrio…

Una sensación extraña la acompaño durante un tiempo. Salió a la calle y con firmeza levanto el brazo para parar un taxi. Al dirigirse al taxista su tono de voz parecía fuerte, seguro. Estaba acostumbrada a tragarse sus lágrimas y disimular sus sentimientos. En algo más de media hora llegaba a casa. Se puso cómoda y caminó descalza hasta la cocina. Un vaso de leche, una manta y su sofá serían su compañía aquella noche. No quería darle más vueltas a las cosas, pero tampoco podía evitar hacerlo. Mientras, él seguía en aquella habitación. Aún no se había vestido y algunas lágrimas recorrían su rostro. Le pasaban mil cosas por la cabeza… y no podía evitar sentirse sólo. Sentado en el suelo, con la cabeza apoyada en el borde de la cama y moviendo algo entre sus manos… el sobre que Paula le había dejado antes de marcharse…

Se detuvo un instante para releer todo lo que había escrito. ¡No! – gritó al tiempo que arrancaba violentamente la hoja de la vieja máquina de escribir. ¡No! – gritó al tiempo que la rompía en pequeños pedazos y los arrojaba a la papelera. Otra historia que jamás vería la luz, otra historia que de ahora en adelante vagaría en el limbo de las palabras que no se dicen, de las lágrimas que no se vierten y de los besos que no se dan. No, no iba a abrir aquel sobre. No existía aquel sobre. ¿Por qué no era capaz de escribir otra cosa? ¿Por qué últimamente todo comenzaba y terminaba con ella? ¿Por qué no podía quitársela de la cabeza? Debía hacerse a la idea de que alguien como él no tenía la menor oportunidad. Ella jugaba en otra liga, era y sería por siempre inaccesible. Ni siquiera se veía capaz de comprenderla, una y otra vez conseguía desconcertarle. Sacudió la cabeza. Necesitaba aire fresco. Necesitaba inspirar profundamente y llenar sus pulmones de nuevas ilusiones. Necesitaba espirar y expulsar para siempre todos los miedos y viejos fantasmas que le acompañaban desde hacía tanto tiempo.

En un brusco movimiento tomo el lugar frente al espejo que tantas veces fue testigo de la pasión contenida, del juego de poder …vio su ojos sin brillo de nuevo ocurrió ella tenia el extraño poder de elevarlo al cielo, y dejarlo caer sin misericordia alguna; en que momento perdió la partida de este juego sin reglas, en que momento su corazón dejo de pertenecerle, sin poderlo evitar gruesas lagrimas de impotencia y dolor inundaron su rostro, ese mismo rostro que tantas veces se curtió de angustias por no saber de ella, ese mismo rostro que ella lleno de besos; intento controlarse necesita aire, necesitaba un abrazo sincero, simplemente necesitaba sacarla de su vida…

Se olvido de el, se olvido del mundo, se envolvió en su magia, y perdió, así de sencillo esta vez perdió mucho mas que el corazón…la perdió a ella

El sobre se volvió invisible al sentir la tristeza infinita de aquel hombre. De ese hombre que al no tener nada mas que perder, desencadenó los demonios de la soledad a los que tanto había temido siempre, ya no le importaba verlos danzar a su alrededor formando remolinos decorados de vacío, sufriría eternamente si era necesario, soportaría aquella pesada carga sino con valentía sí con mucha resignación, bien ganado se lo tenia, alguna vez imagino que probar esas gotas de sudor que escurrían por la espalda de ella tendría un precio alto, que recordar las figuras que formaron las nubes en el cielo el día que le dio el primer beso y acariciar su sonrisa con el pensamiento cada vez que cerraba los ojos seria un lujo tal vez demasiado costoso. Ahora vagaría entre las calles sin voz de sus hojas escritas todas las noches mientras lo acompañaba la luna asomada por la ventana, al amanecer se recostaría en su cama vacía tan solo esperando la noche para poder seguir escribiendo, para continuar una historia con un final tardío, para escribir una historia a plazos.

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Aquí está la esperada historia a trozos jejeje. Este es el resultado de Galatea, Bruixeta, Corazón, DuNa, Agustín, Comella, Sory, Viento Nocturno, Synnove, Cytherïa, Sir_Lancelott, Tharsis, Reatratado, Sonsoles, Agua y yo, Dynaheir.

Enhorabuena a todos los que habéis participado ;) Ha quedado bien :)

[Ángel sin alas]

[Ángel sin alas]

Belén estaba enamorada. Enamorada de lo que le rodeaba. El cielo, los jardines de su barrio, el lugar de su trabajo, la tienda de Juan, el sol… todo le inspiraba buenos sentimientos. Se encontraba en un momento de su vida bastante agradable.

Unos meses atrás vio algo increíble. Estaba caminando de noche intentando relajarse tras haber tenido un día muy ajetreado. Caminaba por un parque. La carretera quedaba bastante lejos y sólo se escuchaba el sonido de los grillos anunciando la llegada del verano y del buen tiempo.

Se sentó en un banco. Echó la cabeza hacia atrás y suspiró. La noche se mostraba realmente hermosa. Belén gozaba de una imaginación realmente maravillosa. Aquél cielo estrellado, tan bonito, hizo que a su mente se le ocurriera una historia.

“Seguro que has tenido un gran día. Que tu gran amante, el día, te ha regalado un bonito ramo de flores. Todas tus hijas se agrupan para iluminar el firmamento. Hoy se han portado bien y has dejado que salgan a jugar y que nosotros podamos este maravilloso espectáculo. La noche… La luna… Las estrellas…”

Estaba completamente concentrada en dejar volar su mente y su imaginación cuando, de repente, escuchó un sonido entre los arbustos que estaban a unos metros de ella. Si de algo pecaba Belén era de ser muy curiosa. Se levantó silenciosamente y se dirigió hacia el lugar de donde provenía el ruido.

No vio nada. “Habrá sido algún bicho, que en esta época se ponen todos de acuerdo para salir a fastidiarme”. Ya se marchaba por donde había venido cuando volvió a escuchar un ruido. Esta vez, su instinto hizo que mirase hacia arriba.

Casi se desmaya cuando vio lo que vio. Estaba en el árbol. Primero vio un hombre y se asustó mucho. Pero, mientras estaba paralizada por el terror, aprovechó para observar bien y poder darse cuenta de que lo que estaba encima del árbol no era un hombre, sino un ángel.

“A ver Belén. Científicamente, esto que estás viendo es imposible. Venga, busca la cámara oculta que no debe andar muy lejos…” Pero lo que había encima del árbol bajó… volando. Efectivamente. Era un ángel.

-Perdona, no quería asustarte. Por favor, no grites. Me descubrirían y echaría a perderlo todo… - Le dijo el “ángel”.
-No puede ser… Tienes unas alas en la espalda. A los que llevan alitas como tú le solemos llamar ángeles. ¡Pero no existen! Son como las sirenas, los unicornios… ¡No existen! – Le respondió Belén.
-Si no existimos… ¿Qué estás viendo ahora, entonces?

De repente, escondió las alas y volvió a ser un hombre normal. Hablaron durante largo rato. Era un ángel sin alas para los mortales. Sólo las sacaba de noche y procuraba que nadie le viese. Pero aquella vez, fue un descuido muy tonto. Belén no daba crédito a lo que veía y oía.

Pasaron los meses y siguió manteniendo el contacto con Alejandro, que así se llamaba su ángel. Aunque aún le costaba asimilar que su gran amigo era un ángel, sabía que era totalmente cierto. Había leído historias de personas en cuyas vidas había aparecido un ser celestial, y desde el momento de esa aparición todos habían sido más felices.

Eso es lo que le estaba ocurriendo a Belén. Había aparecido un ángel en su vida para ser su amigo e iluminarle el camino. Desde aquella loca noche en el parque, su vida conoció la felicidad. Y comenzaba a conocer el amor… Y este amor, tenía unas alas enormes.

En algún momento de nuestras vidas, aparece un ángel para ayudarnos. A veces ni él o ni ella mismo/a saben que lo son. ¿Ha aparecido en la tuya alguno? En la mía sí.

Se llama Edu.

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El finde genial!!!! Ya he ido a la playa y estoy un poco morenita :p más bien estoy como un salmonete :s Bueno, que espero que os lo hayáis pasado muuuy bien.

[Out]

[Out]

Lo que escribí ayer es una canción. Es la BSO de Habana Blues, la última película de Benito Zambrano. Os recomiendo que vayáis a verla. En la película se dan los sentimientos, la alegría, la tristeza, las esperanzas... Un cóctel fantástica. Buena música, lágrimas y risas. Sin duda alguna, si me gustó Solas (del mismo director), esta película me ha fascinado. Y su BSO ni decir tiene...

Si tenéis tiempo, id a verla. Os dejo AQUÍ una dirección para que escuchéis la canción. No se escucha muy bien, pero algo es algo jeje.

Bueno, este fin de semana viene de Marga desde Madrid para verme y echarnos unas juergas juntas :p lo que quiere decir que estoy OUT hasta el lunes próximo. Os deseo un feliz, feliz, feliz fin de semana.

En cuanto a lo del cuento, hay alguien que no escribió en su debido momento y no le ha llegado la historia a la última persona que le tocaba escribir. Pero prometo que la semana que viene estará colgada aquí la historia. Me dedicaré de lleno en encontrarla, porque se ha perdido por algún ordenador jaja.

La semana que viene habrá historias de amor, cartas de amigos, una niña con zapatos nuevos, un señor mayor que nos dará lecciones a todos... La semana que viene va a estar interesante :) Espero que os guste.

Un besazo a todos.